sábado, 20 de agosto de 2016

ELPENOR


Ελπῆνωρ, πῶς ἧλθες...
ΟΜΗΡΟΣ

Elpénor, cómo llegaste...
HOMERO



Paisaje de muerte. La mar petrificada los negros cipreses
la playa baja derruida por la sal y la luz
las rocas huecas el sol implacable encima
y ni rodar de agua ni ala de pájaro
sólo interminable sosiego espeso sin arrugas.

Fue alguien de la tropa el que lo divisó
no el más anciano: mirad, ése debe ser Elpénor
volvimos los ojos rápido. Es extraño cómo recordamos
ya que la memoria se había secado como el torrente en verano.
Era realmente él, Elpénor, en los negros cipreses
ciego por el sol y por los pensamientos
escarbando en la arena con los dedos cercenados.
Y entonces lo llamé con una voz alegre: Elpénor
Elpénor, cómo es que de pronto aquí te encuentras en esta tierra?
Habías terminado con el fierro negro enterrado en el costado
el pasado invierno y vimos en tus labios la sangre espesa
mientras se te secaba el corazón al lado del palo del escálamo.
Con un remo quebrado te plantamos al lado del mar
a escuchar el murmullo del viento el estrépito del mar.
¿Cómo ahora estás tan vivo? ¿cómo aquí, en este país, estás?
¿ciego por la amargura y por los pensamientos?

No se volvió a mirar. No escuchó. Y entonces grité de nuevo
hondamente aterrado: Elpénor, que tenías pelo de liebre
como talismán colgado de tu cuello, Elpénor
perdido en los inmensos párrafos de la historia
yo te llamo y como caverna resuena mi pecho
¿cómo llegaste amigo de otros tiempos, cómo pudiste
alcanzar la negra nave que nos trae
muertos errantes bajo el sol? responde
si tu corazón anhela con nosotros venir, responde.

No se volvió a mirar. No escuchó. De nuevo cuajó el silencio alrededor.
La luz cavando impenitente ahondaba la tierra.
La playa los cipreses el mar petrificados
en una inmovilidad de muerte. Y sólo él, Elpénor
a quien buscábamos con tanta insistencia en los viejos manuscritos
torturado por la amargura de su eterna soledad
con el sol cayendo en el vacío de sus cavilaciones
escarbando ciego la arena con sus dedos cercenados
como visión se iba y se perdía lentamente
en el vacío éter celeste sin eco sin alas.
TRADUCCIÓN: PEDRO IGNACIO VICUÑA

viernes, 29 de mayo de 2015

CUATRO POEMAS DE CONSTANTINO CAVAFIS



Constantino Cavafis

ÍTACA

 TRADUCCIÓN: Pedro Ignacio Vicuña

Cuando tomes el camino a Ítaca,
desea que el trayecto sea largo,
de aprendizajes y aventuras lleno.
A los Cíclopes y Lestrigones,
al airado Poseidón no vayas a temer,
seres así no hallarás en el camino
si mantienes alto el juicio, si una emoción
sublime acaricia tu espíritu y tu cuerpo.
A los Cíclopes y  Lestrigones
al airado Poseidón no encontrarás
si no los llevas dentro de tu alma,
si tu alma no los pone frente a ti.

Desea que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas de verano
en que con qué agrado, qué alegría
llegarás a puertos vistos por primera vez;
y te detendrás en los mercados fenicios,
y habrás de conseguir preciosas mercancías
ámbares y ébanos,  marfiles y corales
y todo tipo de sensuales perfumes
lo que más puedas de abundantes perfumes sensuales;
acude a muchas ciudades egipcias,
y aprende y aprende de los ilustrados.

Siempre a Ítaca ten en tu mente.
Tu destino es llegar allí.
Pero no apresures el viaje en absoluto.
Es mejor que dure muchos años;
y que viejo ya arribes a la isla,
rico con lo que has ganado en el camino,
sin aguardar que Ítaca te de riquezas.

Ítaca te ha dado el bello viaje,
sin ella no habrías hecho el camino.
Pero nada tiene para darte ya.

Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Sabio como ya te has hecho, con experiencia,
ya habrás entendido ahora qué significa Ítaca.






LA CIUDAD

Traducción: Pedro Ignacio Vicuña


Dijiste, “Iré a otras tierras, iré a otro mar.
Otra ciudad voy a encontrar mejor que esta.
Cada esfuerzo hecho aquí es una fatal condena;
y mi corazón –como un muerto– está enterrado. 
Hasta cuándo mi razón vivirá en este marasmo.
Donde sea que vuelva los ojos, donde quiera que vea
despojos negros de mi vida encuentro aquí,
donde tantos años pasé y destruí y desperdicié”.

No encontrarás nuevos lugares, otros mares no hallarás.
La ciudad te va a seguir. En las mismas calles
vagarás. En los mismos barrios  vas a envejecer;
y en estas mismas casas encanecerás.
Siempre a esta ciudad vas a llegar. Hacia otra parte –no esperes–
no hay barco para ti no hay calle.
Así como tu vida destruiste aquí
en este mínimo rincón, en la tierra entera la has desperdiciado. 






EL DIOS ABANDONA A ANTONIO


Traducción: Pedro Ignacio Vicuña

Si de pronto a medianoche escuchas
la comparsa invisible pasar
con músicas soberbias, con voces –
tu suerte que ya cede, tus obras
fracasadas, los planes de tu vida que
salieron todo engaño, no lamentes en vano.
Como si estuvieras listo de hace tiempo, como un valiente
despídete de Alejandría que se va.
Sobre todo no te engañes, no digas que fue
un sueño, que una ilusión ha sido de tu oído.
No abrigues esas vacuas esperanzas.
Como si estuvieras listo de hace tiempo, como un valiente
cual te corresponde haber sido honrado con esa ciudad,
acércate a la ventana con firmeza
y escucha emocionado, pero sin
los ruegos ni las quejas propias de cobardes,
como último placer los sones,
los soberbios instrumentos de la invisible comparsa
y despídete de la Alejandría que pierdes.




ESPERANDO A LOS BÁRBAROS

Traducción: Pedro Ignacio Vicuña


- ¿Qué esperamos reunidos aquí en esta plaza?

A los bárbaros que van a llegar hoy.

- ¿Por qué esa abulia instalada en el Senado?
¿Por qué están los Senadores ahí sin legislar?

Porque los bárbaros van a llegar hoy
¿Qué leyes van a hacer los Senadores ya?
Cuando lleguen los bárbaros van a legislar.

- ¿Por qué el emperador se ha levantado tan temprano  
Y en la puerta principal de la ciudad está sentado,
solemne sobre el trono, llevando la corona?

Porque los bárbaros van a llegar hoy
Y el emperador aguarda recibir
A su jefe. Incluso más, dispuso
un pergamino para darle. En él
le otorga muchos títulos y nombres. 

- ¿Por qué los dos cónsules y los pretores han salido
El día de hoy con esas togas rojas y bordadas;
Por qué esas pulseras con tantas amatistas,
Anillos luminosos, brillantes esmeraldas;
Por qué hoy día van con los valiosos bastones
De oro y plata labrados con arte excepcional?

Porque los bárbaros van a llegar hoy;
Y esas cosas deslumbran a los bárbaros.

- ¿Por qué los dignos oradores no vienen como siempre
A decirnos sus discursos, a hablar de sus asuntos?

Porque los bárbaros van a llegar hoy
Y se aburren con discursos y elocuencias.

- ¿Por qué ha comenzado de repente esta inquietud
Y confusión. (Las caras se  volvieron taciturnas).
Por qué así presto las calles y las plazas se han vaciado
Y todos regresan a sus casas preocupados?

Porque anocheció y no llegaron bárbaros.
y vinieron desde la frontera algunos
diciendo que los bárbaros no existen ya.

Y ahora qué será de nosotros sin los bárbaros.
Esas gentes hubieran sido una cierta solución.  


domingo, 3 de marzo de 2013

El autor y su palabra: Bitácora del otro mar, de Pedro Vicuña

Bitácora del otro mar
 
Por Eduardo Farías Ascencio
 
Bitácora del otro mar (Editorial Pfeiffer, Santiago, 2012) de Pedro Ignacio Vicuña es una antología que recoge, selecciona y muestra la escritura poética de este actor y poeta. Esta bitácora es el libro en que se apunta, por una parte, el rumbo del viaje físico entre Chile y Grecia1, de sus accidentes y cavilaciones y, por otra, el viaje del autor por la poesía que ya ha durado 40 años. En su escritura resaltan el tema del amor, el mar y la alteración visual del orden de los versos en la página. Además, esta antología nos muestra que la escritura de este poeta está construida por cavilaciones, certezas, imágenes poéticas y palabras para un otro. Todos estos matices comunicativos asumen métricamente el verso libre y cuando se mezclan en el poema su poesía se eleva.
Su trabajo poético comienza con Fataj (Ediciones Diogenis, 1979), donde el autor construye un personaje que posee el mismo nombre del poemario. En el siguiente libro, Estatuto del amor (Ediciones Cochlias, Chipre, 1980) se manifiestan cavilaciones como la referente al lugar de origen: “¿De dónde vengo? / Hay veces que desciendo al agua con esta insípida pregunta / arremolinándose quejumbrosa en mi lengua, / hay veces que mi turbada memoria / hace emerger mástiles de lo profundo y campanas de / naufragio” (p. 37). También hay certezas que el hablante tiene respecto de sí mismo: “Te decía que el rio [sic] de mi sangre es infinito” (p. 35). Así, lo dicho por el hablante se define como un discurso interior.
Además, a través de su discurso muestra la presencia de otro en un diálogo que está cargado tanto de erotismo sexual: “Sucede que me lanzo a rodar por tu cintura / que me extiendo por tu espalda y por tus muslos / y no sé más que andar así, como barco a la deriva, / aferrado a la luna de tu alta marea.”(p. 33) y de erotismo sensual: “Dios te salve, amor mío / el misterio del mundo es contigo, / amada, perfecta mía (…) Bendita seas entre todas las olas / bendita entre todas las espumas” (p. 34). La mujer es tanto un objeto de deseo sexual como de perfección, dos aspectos que configuran el tema del amor que recorre la obra de Pedro Vicuña.
Este viaje continúa en Famagusta2 (SECH, Santiago, 2000). La presencia de ella y del mar continúa: “Oyes el mar   (¿oyes acaso el mar?) que penetra tus cavilaciones más secretas” (p. 64) o “Nada como su cuerpo oceánico y profundo” (p. 70) pero esta relación temática se profundiza a lo largo del poemario por diversos caminos, por ejemplo: “Se quiebra el mar sobre tu pecho” (p. 77). La relación entre el hablante y la mujer también se ahonda. A diferencia de Estatuto del amor, en Famagusta la mujer entra activamente en el hombre: “¡Cómo me habitas!      tu aliento todo se dibuja en la galaxia de mis sueños (…) tu voz que agita mi voz tu serena piel estriándome la sangre.” (p. 81) En este poemario, mientras los temas se mantienen, el orden de los versos muta hacia los lados con saltos en blanco y de los signos de puntuación sólo utiliza el punto. Fataj (Ediciones Diogenis, Atenas, 1979) y Notas de viaje (Ediciones Documentas, Santiago, 1998) son poemarios de Vicuña que van por otro camino y demuestran una búsqueda y escritura poética mucho mayor.
Otro aspecto que resalta en esta antología es la vinculación del autor con la palabra, pues en Fataj indica que ella es su “única verdadera compañera” (p. 15), esta relación está más vinculada con la creación que con la representación porque, en primer lugar, indica que “sin nombre, sin reconocer nada de lo que me rodeaba y sentí la fuerza de la creación, de la creación que sentía nacía de mis manos” (p. 15) y, en segundo, en su Arte poética dice: “sé que las cosas no tienen nombre / sino un sonido oculto / como la piedra recién nacida.” (p. 89) Desde esta vinculación podemos comprender la escritura de Pedro Vicuña ya que configura su perspectiva poética sobre la escritura y el lenguaje.
Por último, el diseño de portada de Felipe Cabrera es notable tanto en la configuración de este celeste mar, del título continuo y repetido, como de las olas con el brillo que entrega el lacado en la cubierta. La diagramación hecha por el mismo autor presenta un solo detalle: las páginas donde no existe contenido no debieran estar numeradas. Este detalle se percibe como un descuido en la edición que no afecta, necesariamente, el valor de este libro de Pedro Vicuña, una voz poética presente en nuestra tradición y que los lectores de poesía chilena sabrán apreciar.
 
Pedro Vicuña
Bitácora de otro mar
Editorial Pfeiffer,  2012
 
 
EduardoFarías Ascencio (Santiago, 1985) es Licenciado en Letras Hispánicas PUC y candidato al grado de Magíster en Edición por la Universidad Diego Portales/Pompeu Fabra. Ha publicado poemas y críticas en diversos medios. Se ha desempeñado también como editor en la Revista Grifo.
Notas
1 Este poeta nace en Chile y luego es becado por el gobierno de Grecia. Estudia Teatro en la Escuela de Arte Dramático del Teatro Nacional de Atenas. En esta ciudad conoce al poeta Odysseas Elytis.
2 Este libro es publicado por la Sociedad de Escritores de Chile tras haber ganado en 1999 su Premio Alerce de Poesía.